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viernes, abril 15

177- Caracol hermosisimo extinguiéndose



Caracol mas hermoso extinguiéndose
CARACOLES DE CUBA POLIMITA (POLIMITAS Cubanas)
Son de una belleza extraordinaria. "Quisiste disfrutar al ave y SOLO LE has encarcelado, una mente sana disfruta al animal viéndolo en libertad"(Facundo Cabral). Cuando el candidato a autor de este insípido blog mira a alguien que posee una jaula del tamaño de una pequeña cubeta, o una mascota que mantiene atada a una pequeña cuerda, le pregunta: "perdone: cuánto espacio cree Ud. que necesita una mosca común para existir?" ellos contestan que mucho espacio, entonces el autor les replica:"y un pobre pajarito, y una mascota cuánto espacio necesita? La religión también incluye el trato justo a la naturaleza". El lugar ideal para encontrar los caracoles es en los lugares más remotos del famoso Valle de Viñales (se crían en árboles), en la provincia más occidental de Pinar del Río, a pesar de que se pueden encontrar en otras áreas de la geografía nacional, pero en número escaso. Estos moluscos terrestres de las especies sacricia sólo viven tres años y medio como máximo, a partir de noviembre, comienzan a hibernar bajo tierra hasta marzo, cuando la superficie para poner de 15 a 25 huevos diminutos. Se multiplican SOLO EN SU ENTORNO, ya que son hermafroditas.
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Caracol el animal mas hermoso extinguiéndose
Solo habita en un pequeño sector de Cuba llamado Baracoa; y solo se cría en ciertos árboles. "Quisiste disfrutar al ave y SOLO LE has encarcelado, una mente sana disfruta al animal viéndolo en libertad"(Facundo Cabral). Cuando el candidato a autor de este insípido blog mira a alguien que posee una jaula del tamaño de una pequeña cubeta, o una mascota que mantiene atada a una pequeña cuerda, le pregunta: "perdone: cuánto espacio cree Ud. que necesita una mosca común para existir?" ellos contestan que mucho espacio, entonces el autor les replica:"y un pobre pajarito, y una mascota cuánto espacio necesita? La religión también incluye el trato justo a la naturaleza".


Vista por muchos como el animal terrestre con la concha más bella del mundo, y presente en la cultura popular baracoense en forma de leyenda, la inquietante posibilidad de que la polimita se extinga aúna a personas y organismos en un esfuerzo incipiente por protegerla.

En estos momentos la situación se torna crítica, debido a que han desaparecido casi totalmente algunas poblaciones de esta especie, la más hermosa de las seis existentes en Cuba, alerta Norvis Hernández, especialista ambiental que atiende el trabajo de protección y fauna en el Sector Baracoa del Parque Nacional Alejandro de Humboldt, Patrimonio Natural de la Humanidad.

«Hace veinte años había varias zonas con poblaciones de polimitas que ya no son representativas. Son los casos de Joa, El Paraíso, Yumurí, Mandinga, Guandao y Yara, en las cuales hoy se encuentran cuatro o cinco individuos».

—¿Maisí presenta una situación parecida a la de Baracoa?

Norvis Hernández, especialista ambiental.—Sí, aunque con diferentes matices. En Baracoa la disminución de ejemplares obedece sobre todo a la colecta indiscriminada por parte de personas insensibles para ser vendida a extranjeros. En Maisí se debe esencialmente a la recolección como hobby de los adolescentes durante las etapas de la escuela al campo, sin desconocer afectaciones climatológicas que disminuyen o dañan los cafetales, con influencia negativa en el hábitat de los caracoles.

«En el territorio más oriental de Cuba lo mismo se coge una polimita de los árboles para cambiarla de lugar que para matarla y utilizar su concha en la confección de collares. Lo cierto es que se pierde gran cantidad de ejemplares, muchas veces en etapa de desarrollo. No esperan ni siquiera que los moluscos completen su ciclo de vida y mueran, para entonces utilizar la concha. Por otro lado, tanto en Baracoa como en Maisí casi hemos perdido los ejemplares cuyas conchas exhiben patrones de morfos o coloración más diversos, por ejemplo, de fondo rojo y bandas negras».

—Además del hombre, ¿cuáles depredadores tiene la polimita?

—El gavilán caguarero, el ratón, el macao y las hormigas.

—¿Qué medidas adoptan para que no desaparezca la especie?

—En Baracoa se han distribuido carteles, afiches y plegables que se han ubicado en lugares de notable afluencia de público con el fin de sensibilizar a la gente sobre la necesidad de protegerla. En cuanto al resto del país, tenemos un proyecto de colaboración con la Fundación Antonio Núñez Jiménez, organización no gubernamental dedicada a la protección de la naturaleza, para imprimir plegables que se reparten en aduanas y aeropuertos.

«Así se alerta a los turistas de que las polimitas están en peligro de extinción. Pero falta mucho por hacer, necesitamos apoyo de muchas instituciones y organismos de nuestro municipio. Se impone que órganos rectores de la ley velen y multen a quien se dedica a vender collares hechos con estos caracoles, porque los medios educativos en general y de educación ambiental, junto al provecho de los proyectos, dan resultado en pequeña escala.

«Los más vinculados a ese propósito queremos aplicar en Baracoa algo conocido como naturalización de las escuelas urbanas; que consiste en rodear de plantaciones los centros escolares para transformar el entorno natural donde permanecen los alumnos. También pensamos transmitir conocimientos elementales de ecología en el patio de las escuelas. En ambos casos el objetivo es sensibilizar a los estudiantes en la protección de la naturaleza. Asimismo, aspiramos a trabajar con pobladores de zonas rurales en la indagación comunitaria, que puede dar muy buen resultado en la educación ambiental. En el orden institucional, la Universidad de Oriente está interesada en hacer estudios de depredación junto a investigadores británicos. El objetivo es determinar si es factible experimentar con granjas de cría para conservar el fondo genético de la polimita picta.

«Con respecto al trabajo que debemos hacer en instituciones donde acudan quienes visiten Baracoa, el mejor ejemplo estará en el Parque Humboldt. Allí debemos iniciar una experiencia que en Latinoamérica aplican Chile y Ecuador, consistente en estimular a quienes transitan los senderos ecoturísticos a que reflexionen sobre el entorno observado. Esta acción puede ser muy provechosa».

—¿En qué áreas hay mayor estado de conservación?

—En el Parque Nacional Alejandro de Humboldt, donde hay cuatro poblaciones muy bien conservadas. En monitoreos trimestrales se han visto entre cien y doscientos individuos, y se han registrado datos de reproducción y ciclos de vida. Este trabajo de investigación y manejo ha permitido mantener y aumentar las poblaciones, por lo que se pretende hacer lo mismo en todo el municipio.

—¿Cree que se ha hablado lo suficiente sobre la posible desaparición de la polimita picta?

—De ninguna manera. Y si se pierde seremos muchos los responsables, aunque no nos acordemos de ello.



(Juventud Rebelde), visto en click acá

Baracoa, en el corazón de Cuba.


De camino a Baracoa uno se cruza con vallas de propaganda enternecedoras: "La revolución pujante y victoriosa sigue adelante", dice una. Unos kilómetros más allá, cerca del pueblo de Imías, otra aconseja: "Mamá y Papá: contribuyan a que sus hijos crezcan sanos...". Después, una más militante: "Las banderas de la revolución no se entregan sin combatir". En esta zona de Guantánamo el paisaje es árido, casi desértico, pero de repente se abre paso una vegetación exuberante de palmeras y helechos antediluvianos al atravesar el viaducto de La Farola, una preciosa carretera de montaña que cabalga decenas de kilómetros de denso bosque tropical y lomas inexpugnables. Recorrerla con los ojos bien abiertos es un buen modo de acercarse al fundamento de este lugar especial, cercano al Paso de los Vientos, donde se asienta la primera villa fundada en Cuba por Diego de Velázquez el 15 de agosto 1511.


Hasta 1965, cuando terminó de construirse La Farola, Baracoa estuvo prácticamente aislada del resto del país. Era más fácil llegar aquí en avión o en barco que por carretera, y esta condición de retraimiento, junto a su naturaleza salvaje y su historia singular, son las claves para atrapar su esencia.

El primer alcalde de Baracoa fue Hernán Cortés. Aquí estuvo la primera capital y el primer obispado de Cuba. Cinco siglos después, si alguna zona de la isla aún conserva la apariencia y riqueza naturales de la época del descubrimiento, esa es Baracoa.


Su nombre significa "existencia de mar" en lengua indígena, y antes de emprender viaje a esta localidad del oriente cubano conviene saber que Baracoa queda a unos 900 kilómetros al este de La Habana, más cerca de Haití que de Santiago de Cuba. También, que el 95% de su territorio es montañoso, que llueve más de 200 días al año -y de ahí su increíble vegetación- y que es el lugar con más arroyos, afluentes y ríos de toda la isla. Entre ellos, el Toa, el más caudaloso del país.


En Baracoa la naturaleza es una experiencia descomunal y se funde con la sensación del tiempo detenido y una cultura pícara y de mucha personalidad, especialmente viva en sus gentes y en su música de sones primitivos, y es la mezcla de todo ello lo que atrapa al viajero.


La emisora de radio local se llama La voz del Toa. Escucharla a la hora de los recados es importante si uno quiere tomar el pulso a estos montes de cuchillas afiladas. Dado lo intrincado de la geografía y las pocas líneas de teléfono que existen, la gente envía mensajes a sus parientes y amigos aprovechando un servicio comunitario de la radio.


"A Pachuca, en el Naranjal, que su hija Maydelis dio a luz varón y que están bien los dos", fue uno de los que oí en un reciente viaje.


En otro aviso, alguien pidió a un familiar que trajera a casa miel de abeja para hacer un "remedio" a un niño enfermo; y Juan convocó a su abuelo, en Los Corrales de la Mandinga, para que bajara a la óptica de la ciudad a recoger sus "espejuelos", que hace días estaban listos.


Todos esos mandados y otros más -como el de Yumisleydi, una joven que recordó a su padre: "Pipo, todavía no hemos recibido el giro en casa"- se pueden escuchar, por ejemplo, mientras se recorre el Fuerte Matachín, una de las cuatro fortalezas españolas construidas en la colonia para defender la ciudad de los ataques de ingleses, corsarios y piratas.


En muchos lugares de Baracoa es costumbre poner la radio alta a la hora de los recados. A veces también lo hacen en el Museo Matachín, que dirige el historiador de Baracoa, Alejandro Hartmann, un personaje absolutamente imprescindible de la comunidad.


Los botines de 'El Puma'


En las vitrinas del museo uno halla cosas fabulosas. Al lado de un cuenco taíno fabricado por indios precolombinos cuelga la guitarra de Cayamba, genio y figura de la trova tradicional, que se bautizó a sí mismo como "el cantante de la voz más fea del mundo". Bajo otro cristal, aparecen expuestos los calzones y botines del boxeador Pepe Legrá, El Puma de Baracoa, dos veces campeón mundial de peso pluma y siete de Europa. Legrá se marchó de Cuba al triunfo de la revolución, cuando el boxeo profesional fue prohibido, y a los veintitantos años el joven negro se hizo español. Por sus éxitos deportivos fue protegido de Franco, quien le regaló casa, coche y un reloj Rolex, y con este peluco en la muñeca ha regresado a la isla en numerosas ocasiones, donde incluso fue recibido por Fidel Castro como un campeón. Con un poco de suerte, uno puede tropezarse con él en una de sus frecuentes visitas a su pueblo natal; probablemente estará en chancletas y sin camisa, como el resto de los vecinos, hablando con un amigo en cualquier esquina.


Y esta es la primera lección: en Baracoa la primera regla es no sorprenderse por nada.


Basta repasar algunas leyendas locales, resumidas en las paredes del Fuerte Matachín. Está la de Magdalena Rovenskaya, una rusa blanca hija de un aristócrata zarista ajusticiado por los bolcheviques. El mismo año de 1917, Mima escapó de la revolución rusa. Recaló en Cuba a finales de los años veinte, después de pasar por Constantinopla, París y otras capitales europeas. La Rusa, que el escritor Alejo Carpentier inmortalizó como Vera en su novela La consagración de la Primavera, construyó un hotelito en Baracoa y de eso vivió hasta que llegó el Comandante y mandó a parar.


Rovenskaya llevó mejor la revolución de Fidel Castro que la de su país; entregó las joyas a los barbudos y se hizo fidelista, aunque nunca -y murió en 1978- se tragó del todo lo del comunismo. El hotel La Rusa existe todavía y su hijo adoptivo, René Frómeta, tiene 80 años. Se ha hecho en su casa una especie de museo de bolsillo que uno puede visitar por unos cuantos pesos convertibles.


La historia de Mima es una de las que pueblan la mitología de Baracoa, pero hay muchas más. Está la del Pelú, un desarrapado que apareció por allí a finales del siglo XIX y se convirtió en centro de las burlas populares hasta que un día echó una maldición gitana a la localidad. Desde entonces, aseguran las malas lenguas, Baracoa no ha levantado cabeza.


También es famosa la leyenda de Enrique Faber, real como la vida misma: Enrique, en realidad, era Enriqueta, una francesa, doctora en medicina, que llegó a Baracoa a principios del siglo XIX y se hizo pasar por hombre para poder ejercer su profesión. El 11 de agosto de 1819, Enriqueta se casó "como varón" con la criolla Juana de León en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.


En este mismo templo, hoy en obras, se guardan los documentos que acreditan aquel matrimonio y también está la Cruz de la Parra, única de las cruces originales que queda en América de las que plantó Cristóbal Colón en sus viajes por el Nuevo Mundo. Todas estas historias fabulosas son parte del imaginario local, pero no son pasado sino presente. Cualquier vecino te las cuenta, enriquecidas por su imaginación, y eso tanto en la ciudad de Baracoa, que tiene 40.000 habitantes, como en las montañas, donde viven otros 40.000.


'El complaciente'


En las cercanas lomas de Yara -un lugar imprescindible si a uno le gusta el senderismo- vive Regino Rodríguez Gainza, un sabio natural de 73 años. Se conoce todas estas leyendas, igual que las sabía su difunto padre, Justino, quien "tuvo 25 hijos con diferentes mujeres, y de ahí que él mismo bautizara a su miembro viril como el complaciente". Regino es cultivador de coco y arqueólogo natural, y conversar con él es un placer. En su finca están los petroglifos de San Justo, esculpidos en la roca por indios taínos en una de las numerosas cuevas que existen en la terraza marina donde se ubica Yara.


Baracoa tiene 14 kilómetros de playas silvestres y en sus inmediaciones está el parque natural más importante del Caribe, el Alejandro de Humboldt, 700 kilómetros cuadrados de monte tropical que son patrimonio mundial y uno de los sitios más importantes en el hemisferio occidental para la conservación de la flora endémica. Las Cuchillas del Toa, en la cuenca cristalina del río del mismo nombre, es otra zona de valor especial y debido a ello la Unesco la incluyó recientemente entre las reservas de la biosfera, pero la verdadera montaña mágica de Baracoa es El Yunque, una mole rectangular, de 560 metros de altura y recortada en forma de meseta, que es el gran emblema local.


Pues bien, todo este paraíso natural, que indudablemente es un lujo, sólo tiene sentido de verdad si uno es consciente del privilegio que es poder conocer a personajes como Regino o su hermano Urbano, el verdadero rey del cacao de la zona. Ellos, y en general todos los habitantes de Baracoa, son la gran gozada de este lugar, donde el coco y el cacao son parte sustancial de la cultura.


Más del 50% de las tierras cultivables de la zona están dedicadas a ambos frutos, y la producción de estas tierras representa alrededor del 80% del total de la nación. Coco y cacao están presentes en la forma de vivir y en las costumbres de la gente, también en la música tradicional y en los platos típicos, que son únicos en Cuba: el bacán es una especie de tamal hecho a base de plátano rallado, leche de coco y diversas especias; el chorote, una bebida elaborada con cacao, leche, canela y harina de Castilla, y hay dulces como el cucurucho, hechos con ralladura de coco y mezclados con miel y pasta de fruta bomba (papaya).


En la zona cacaotera del Guirito, el grupo Nengón y Kiribá tiene un ranchón en el que algunos sábados hay comilonas y se interpretan los ritmos tradicionales de Baracoa. Es un son primitivo, sin claves, hecho con la materia prima de los sucesos que marcaron época en Baracoa. En sus canciones está, por ejemplo, el susto y la impresión de los guajiros ante el primer avión que sobrevoló la localidad -se baila con los brazos abiertos como un aeroplano-, o las peleas de los padres con sus hijos para que no fueran al primer cabaré abierto en el pueblo -la coreografía asemeja una violenta discusión familiar-.


Tanto la música como la vida nocturna son parte del corazón de Baracoa. Ya es algo turístico, pero sigue mereciendo la pena dejarse llevar. Todas las noches hay conciertos en La Casa de la Trova, en La Terraza, en La Casa de la Cultura y en otros locales, y junto a grupos profesionales encuentras a improvisadores que llevan en la sangre el ritmo peculiar y pausado de esta región. El nengón y el kiriba son sones antiguos y festivos asociados a la celebración del fin de la cosecha de cacao, y funcionan casi como un mantra: uno los empieza a escuchar y se transporta a otra dimensión, a veces al centro de uno mismo. La señora Vitalina Garrido, con cien años en las caderas, sigue bailando cada vez que puede.


Todo es auténtico en Baracoa. Pero sobre todo lo son sus gentes y personajes increíbles, como Choca-Choca, un ex taxista particular que se ganó su apodo debido a los cien accidentes que tuvo -"todos sin muertos"- en la época en que se dedicó a dar viajes por cuenta propia para subsistir. Su automóvil, un Moscovich azul de la era soviética, no tenía frenos, pero por suerte hoy Choca-Choca ha vuelto a su profesión de entrenador deportivo y trabaja con el equipo femenino de baloncesto de la localidad.


Colores de Benetton


En 1996, el diseñador italiano Luciano Benetton quedó tan alucinado que dedicó a la localidad un número completo de la revista Colors (108 páginas). Entre los protagonistas estaban, cómo no, Óscar Granada, Choca-Choca, Oriol Suárez, un adolescente comedor de vidrio, y MeneaCulito, la joven del pueblo que por entonces mejor movía las caderas.


Para disfrutar Baracoa hay que abrir los sentidos y abandonarse a su naturaleza y a la picardía de sus gentes, sin olvidar que uno está en Cuba, con todo lo que eso conlleva. Mejor no hablar de política. Sólo un dato: los matrimonios de jóvenes baracoesos con extranjeros se acercan al millar. Todos viven fuera. Dicho esto, en una noche de farra, a las tres de la mañana a lo mejor puede descubrir que el animador del grupo Maravillas, Osmel Mugercia, conoce toda la obra de Manuel Vázquez Montalbán y puede recitar párrafos completos de cualquiera de sus libros.


Baracoa es así. Está en Cuba, pero es diferente... Uno de los placeres aquí es bañarse en cualquiera de sus ríos fabulosos, el Toa, el Duaba, el río Miel. Una peculiaridad de ellos es el tibaracón, una barra de arena que separa el mar del río en su desembocadura y que permite darte un chapuzón de agua salada y luego enjuagarte con agua dulce con sólo volver la espalda -el tibaracón del Toa es espectacular, y se puede alquilar un bote para llegar a él-.


En las cuchillas del Yumurí, cerca del paso de los Alemanes, adonde las muchachas van a hacerse fotos al cumplir los quince, con vestidos de merengue, la playa es de arenas negras; en Maguana, en sentido contrario, por la carretera hacia Moa, la arena es blanca y absolutamente virgen.


En Baracoa también hay unos caracoles que se llaman polimitas y están coloreados de amarillo, naranja y azul, y la gente de más edad practica el espiritismo; un día, al convocar a los muertos en una reunión de cordón, cuentan que se hizo presente el cacique Hatuey, el primero que resistió a los conquistadores y que fue arrojado a la hoguera por los hombres de Diego de Velázquez. En estos montes es donde la resistencia indígena fue vencida y empezó la colonización, y siglos después de aquel suplicio los cubanos le dieron su nombre a una marca de cerveza, para refrescar. La cerveza Hatuey sucumbió después por un litigio de marcas, pero esa es otra historia.


En Baracoa hay una vieja tradición de pintores autodidactas. Muchos niños aprenden a dibujar con ellos en talleres particulares, uno puede verlos por las ventanas entreabiertas de algunas casas. Existe también un Club de Amigos del Danzón, al que pertenecen Juan Gaenza, de 89 años, y su esposa Isabel, de 84. Se reúnen el tercer sábado de cada mes en la Casa de la Cultura, y cuentan que antiguamente aquello era el Liceo, una sociedad para blancos. El murmullo de esas historias, y la sonrisa de una chica que se llama Yesterday cuando empieza a lloviznar sobre El Yunque, es Baracoa.

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